2ª SEMANA DA RADIO

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lunes, 30 de abril de 2012

Entrevista a D. Abel Caballero, alcalde de Vigo


Este ano a nosa Semana da Radio tivo que agardar a finais do mes de abril para poñer o seu punto e final. Como dedicamos esta actividade a historia da nosa cidade, quixemos contar coa participación do alcalde para que, dende a primeira fila, nos contase como é a cidade de Vigo actualmente e como será nun futuro.

O venres 27 de abril, e despois de moitas dificultades para atopar un oco na súa axenda, por fin achegouse ao noso centro D. Abel Caballero, e puido ser entrevistado por un grupiño de alumnos e alumnas do 3º Ciclo de Primaria. 

As preguntas que estes lle fixeron xiraban arredor de Vigo dende a óptica do seu primeiro mandatario e tamén dos retos que a cidade deberá afrontar nos vindeiros anos. 

Dentro duns días esta pequena entrevista estará a vosa disposición neste mesmo blog para que podades escoitala. De momento, aquí van dúas fotos tomadas desa mañá.

viernes, 2 de marzo de 2012

Visita al museo "Quiñones de León"


Los alumnos de 5º de E.P. de nuestro colegio visitaron el 17 de febrero el museo municipal de Vigo “Quiñones de León”, para poder disfrutar la exposición temporal sobre el siglo XX en nuestra ciudad. Además aprovecharon para ver la sala arqueológica, que nos habla del pasado más remoto de nuestra ciudad, y, en definitiva, todo el Pazo, una de las joyas de la arquitectura viguesa.

Aunque la idea de un museo para la ciudad de Vigo aparecía ya en 1888, en el testamento del magnate filovigués, D. Policarpo Sanz – que lo concebía parte del colegio que se construiría con sus donaciones, futuro Santa Irene-; es, en el siglo siguiente, 1909, cuando la idea adquiere mayor impulso gracias a la viguesa Asociación General de Cultura. En el seno de esta asociación, que duró sólo tres años, D. Cecilio López da Veiga, vicesecretario; y el vocal, D. Avelino Rodríguez Elías presentan sendas iniciativas de museo: etnográfico y arqueológico, respectivamente.
Ninguna de ellas cuajó entonces pese a que los hallazgos de la Isla de Toralla, en 1913, reverdecieron la idea de crear el museo de arqueología.
El 12 de diciembre de 1924, el Marqués de Alcedo dona su pazo de Castrelos al pueblo de Vigo, para su transformación en museo de arte regional.Seis años antes el marqués lo había “heredado” de su hijo, al fallecer este sin descendencia, en 1918.
Tal y como parecen demostrar los documentos, el marqués de Alcedo utilizó la donación para conseguir el título de Grande de España. El alcalde de
Vigo, D. Adolfo Gregorio Espino, fue el artífice y promotor del nombramiento, por el rey Alfonso XIII; auxiliado, no obstante, en la tarea, por influyentes personas del gobierno.
Por tanto el ayuntamiento de Vigo es propietario del pazo desde 1924; pero no va a poder disponer inmediatamente de él. Vive allí todavía la viuda del hijo del marqués de Alcedo, Doña Mariana de White. Habrá de comprársele,
pues, el usufructo, operación que no finaliza hasta 10 años después, en 1934.
En 1926 no se disponía, pues, todavía, del pazo para museo. Sin embargo, ese año, Avelino Rodríguez Elías, ahora como cronista oficial de la ciudad, consigue arrancar una propuesta de museo de arte regional que impulsa las primeras entregas de material para el futuro museo. Estas entregas, que se almacenan provisionalmente en un local del negociado municipal de beneficencia, son basicamente escudos de casas señoriales de Vigo; dos piezas de la desaparecida Fuente de Neptuno - la estatua del dios y el escudo de la ciudad – que pueden verse hoy en el jardín histórico–; algún resto de la batalla de Rande; medallas; maquetas; etc...
Desde 1934 la situación cambia al disponerse ya del pazo, pagado el
usufructo, a lo que se une, en 1935, la constitución del primer patronato del museo formado, entre otras, por personas de la talla de Sánchez Cantón, por entonces subdirector del Museo del Prado; o el arquitecto Antonio Palacios, ya académico de Bellas Artes de San Fernando.
Gracias a Cantón el Prado y el Museo Nacional de Arte Moderno ceden, al museo municipal, como depósito, sus primeras obras de arte, de notable interés y de variadas épocas, muchas de las cuales aún hoy permanecen en la colección: Correa de Vivar, Luca Giordano, Antolínez, Beruete, Alenza, etc... Respecto a Palacios su contribución fue decisiva en la redacción de un primer proyecto para Castrelos, suscrito junto con Cantón, en el que se planteaba, basicamente,
que el pazo fuese museo de historia de la ciudad, en su planta baja; y de arte en la primera.
Con sede y colección, debería poder inaugurarse el museo. Se aprueba su primer reglamento - 8 de abril de 1936-; y se repara el pazo, carpintería y pintura fundamentalmente por un valor de 5.837 ptas, que estaba practicamente vacío, pues la última residente se llevó o vendió el fastuoso mobiliario que había en la casa.
La apertura del museo se plantea así para el 26 de julio de 1936; pero, antes, estalla la guerra civil española. El museo se inaugura finalmente un año después, el 22 de julio de 1937,
mostrando la pequeña colección ya comentada; junto con los primeros lotes de pintura y mobiliario que ha donado a la ciudad D. Policarpo Sanz. También se hacen ya las primeras adquisiciones y se reciben depósitos de arte gallego. Todo ello se refleja en el primer catálogo del museo realizado en junio de 1937.
En el mes de octubre de 1938 toma posesión de su cargo, como administrador del museo, Don Angel Ilarri Gimeno, que será alma del mismo hasta su jubilación en 1979. Ilarri, que residía en el pazo con su familia, se ocupará de mejorar paulatinamente las instalaciones y engrandecer sus
colecciones, especialmente la de arte gallego, y, sobre todo desde mediados de los años 60, bajo la égida del alcalde Portanet como gran impulsor de Castrelos. En esta época se abren cinco nuevas salas para artistas gallegos, algunas de carácter monográfico, como las de Laxeiro, Colmeiro y Souto, del que se adquieren un lote de casi veinte obras de diversas épocas del artista. En los años 70 continúan las adquisiciones del museo siempre certeras de modo que,
por ejemplo, en 1977 entra en el museo un esplendido lote de obras del artista internacional, vigués de nacimiento, José Frau.
También la colección de arqueología experimenta un notable impulso en todo este tiempo, de mano de personas insignes como Pedro Díaz, o José María Álvarez Blázquez, comisario local de excavaciones arqueológicas y vocal del patronato del museo. Este impulso tiene su gran momento en la inauguración de las sala de arqueología en 1959, con motivo de la exposición de las estelas galaicoromanas halladas seis años antes en la calle Pontevedra, que serán sus
protagonistas indiscutibles, hasta el punto de convertirse años más tarde en el logotipo del museo.
El museo hace así su recorrido, lento ascenso, en pugna con los limitados presupuestos municipales, hasta convertirse en uno de los más importantes de Galicia, referencia en España, tanto por el valor de sus colecciones como por la singularidad y belleza de su emplazamiento, magnificamente conservado.
De modo que, cuando Angel Ilarri deja el museo en 1979, deja a la ciudad de Vigo, un patrimonio cultural extraordinario; y, sobre todo, una dinámica de trabajo que pervivirá, durante muchos años, a través del patronato y de los los sucesivos directores.
Con la jubilación de Angel Ilarri, y la aprobación del reglamento en 1981, comienza una nueva etapa para el museo que llega hasta la actualidad.
Pasan por la dirección D. Bernardo Vázquez Gil, actual cronista oficial de la ciudad; D. José Francisco Armesto Faginas; D. José Manuel Hidalgo Cuñarro; y actualmente D. José Ballesta de Diego.
Con cada corporación los patronatos se renuevan, y entre sus miembros destacaran artistas y especialistas como el académico Francisco Pablos o los pintores Antonio Quesada, Antón Abreu, Xavier Pousa; el escultor Pedro Dobao.
Gracias a su tesón la colección de arte gallego continua aumentando y abriéndose hacia otros periodos y artistas hasta el punto de ser tan abundante que deben gestionarse depósitos en terceras instituciones como la Universidad de Vigo o la Fundación Provigo. También se gesta el proyecto MARCO como posibilidad de ampliar Castrelos.
La especialidad de los directores marca los principales intereses en cada momento. Vázquez Gil, apuesta por el desarrollo del departamento de Historia Local, fundamentalmente; Hidalgo Cuñarro, arqueólogo municipal, convierte al museo durante los años 80 en una referencia para el mundo de la arqueología cuyos hitos pudieran ser la ampliación de la sala, con una nueva
planta; o, en los 90, la realización de congresos como el Nacional de Arqueología de 1993; y el Internacional de Arte Rupestre Europeo en 1999.
También se realizan importantes publicaciones entre las que destaca la revista Castrelos (12 números) o los catálogos de pintura.
También en esta época se emprende la segunda gran reforma del pazo-museo, dirigida por el arquitecto Luis Felipe Comesaña, que supone, entre otras cosas, la habilitación de las torres como salas de exposiciones y el aprovechamiento de espacios antes inútiles.
La llegada del equipo actual, que dirige José Ballesta, se caracteriza por la inmersión del museo en un periodo de transformación. Destacan en el proyecto actual la puesta en marcha de diferentes actuaciones para la revitalización del museo. Se facilita la visita libre, en horario amplio y sin guía, por primera vez en su historia; pero esta sigue siendo gratuíta. Se acomete un intenso programa de conservación de las instalaciones – pintura, tratamiento anticarcoma, tejado, iluminación, electricidad; etc...-; y se abre la sala de exposiciones temporales lo que supone, además de un atractivo, un lugar de reflexión sobre el ser y la proyección del museo en la comunidad viguesa. Además se propone, de acuerdo con el nuevo proyecto, una nueva exposición permanente, basada en conceptos.
La restauración completa del legado Policarpo Sanz, y la exposición permanente de una selección, es otro de los hitos del museo en la actual etapa, en la que el museo aumenta su número de visitantes - hasta traspasar su techo de los 30.000, en 2004. Consigue además consolidarse como una referencia de la comunidad escolar, turista y, lentamente, en menor medida, de los ciudadanos vigueses como lugar para el aprendizaje y el disfrute de su ocio.
El departamento de Historia de la ciudad, que ya Vázquez Gil había impulsado con la realización de exposiciones en el museo, se convierte en objeto principal ahora, dado su escaso desarrollo anterior, y la necesidad de la ciudadanía viguesa de disponer de un espacio dedicado a la memoria histórica de Vigo, su identidad, lo que encuentra su mejor ejemplo en el éxito de iniciativas como las exposiciones dedicadas a Bouzas o a la Reconquista.
Información sacada da web do Museo:

miércoles, 15 de febrero de 2012

Exposición


Durante os días nos que realizamos a nosa Semana da Radio, os alumnos/as do centro esforzáronse para facer unha pequena exposición sobre a historia da cidade. Algúns rapaces da Eso recrearon en carteis algunhas historias curiosas da nosa cidade, como a do tranvía; alumnos/as do 2º e do 3º Ciclo, buscaron fotos antigas para coñecer mellor a evolución de Vigo nos últimos cen anos.
Os alumnos do 1º Ciclo fixeron unha excursión para coñecer os orixes da nosa cidade ao poboado castrexo que hai no monte do Castro. Non só observaron a reconstrución da vida no castro, senón tamén fixeron as súas ilustracións.
Por último, pero non menos importante, resaltar que os alumnos de Infantil tamén participaron na exposición con debuxos dos monumentos máis importantes da nosa cidade. Un traballo estupendo ¡¡¡

O mundo olímpico por dentro

Algunas fotos de la charla de Carlos Pérez en el Divino Salvador.



1º Ciclo no poboado castrexo

Os alumnos/as do 1º Ciclo visitaron estes días unha parte moi importante da historia da nosa cidade, o poboado castrexo de O Castro, no que se reconstruíron e ambientaron tres edificacións que reflicten o comezo da ocupación romana. É o único xacemento galego no que hai unha recreación ambiental da época.

Segundo os datos dispoñibles, foi habitado entre o século I a.C. e o século III d.C., momento no que os habitantes comezaron a trasladarse a un novo poboamento que xurde á beira do mar.

Como ese é o principio de Vigo, e dado que no colexio estivemos traballando a nosa historia, os alumnos/as visitaron esas instalacións e fixeron debuxos que logo se uniron á exposición que se puxo na entrada do centro.

miércoles, 8 de febrero de 2012

O mundo olímpico por dentro

O mércores 7 de febreiro achegouse ao noso centro o veterano atleta Carlos Pérez Alonso, cunha longa traxectoria de éxitos ao longo de vinte anos de vida deportiva. Carlos Pérez foi un dos máis notables campións do atletismo galego chegando a acudir a tres citas olímpicas: Roma 1960, México 1968 e Munich 1972.
Vigués de nacemento (1935) iniciouse no atletismo en 1952, chegando a ser 46 veces internacional absoluto, participando non só nos xogos olímpicos senón en innumerables campionatos do Mediterráneo, europeos, iberoamericanos... A súa vida deportiva sempre foi exemplo de entrega e valores.
No noso colexio, cun público composto por alumnos de 2º e 4º da ESO, Carlos Pérez debullou unha charla titulada "O mundo olímpico por dentro", onde nos foi mergullando a todos nas anécdotas vividas nos tres xogos olímpicos nos que participou. Nestes, coincidiría con atletas considerados históricos, (como Wilma Rudolph "a gacela negra", Abebe Bikila, Bob Beamon, ...), e con momentos de grande tensión como a matanza da Praza das Tres Culturas en México, ou todo o acontecido co grupo terrorista "Setembro Negro" na villa olímpica de Munich.
Foron dúas horas que realmente pasaron voando e que remataron cunha serie de preguntas que realizaron algúns dos alumnos a este destacado vigués ao que, naturalmente, esperamos volver a ver no noso centro.

viernes, 3 de febrero de 2012

El día que Verne llegó a Vigo

A principios del mes de Junio del año 1878 y aprovechando una travesía hacia el Mediterráneo a bordo de su famoso y espectacular yate Saint Michel III, Julio Verne (Nantes,1828-Amiens,1905) decidió que ya era hora de visitar la Ría de Vigo que el capitán Nemo frecuentaba con su Nautilus para aprovisionarse en el estrecho de Rande del oro y la plata necesarios para sus correrías submarinas.

La historia del Capitán Nemo la había comenzado a escribir Verne en 1866, publicándose por primera vez “Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino” en 1869. El escritor quería, pues, reconocer el escenario imaginado a través de sus lecturas sobre la Batalla de Rande.

Julio Verne era un autor conocido mundialmente, una gran celebridad, por lo que su llegada resultó todo un acontecimiento. Los prohombres vigueses de entonces, encabezados por Manuel Bárcena, Conde de Torrecedeira, ya intuían que, a través de su novela, el autor bretón sería el mayor - en realidad, ya lo era - propagandista que la Ría de Vigo tuvo jamás.

La siguiente reseña se podía leer en un diario local el 3 de Junio de aquel año 1878:

“Casi al mismo tiempo que el Flore soltó el ancla en este puerto, presentóse cruzando la ría un bonito yatch de vapor con pabellón francés; era el Saint Michel Nantes, propiedad del popular novelista Julio Verne, que con otros amigos va de paso para el Mediterráneo, donde piensa visitar algunas poblaciones de España.- El famoso novelista estuvo anoche en el paseo de la Alameda, y más tarde concurrió al baile de La Tertulia, donde pronunció algunos brindis en español, los cuales fueron contestados por el Sr. Bárcena (D.Manuel) como presidente de la sociedad.- Es indudable que Mr.Verne, a quien le ha agradado mucho la posición geográfica de Vigo y su pintoresca campiña, lleva a la vez grato recuerdo de la sociedad viguesa que tuvo ocasión de conocer bajo uno de sus más bellos aspectos, en un baile de La Tertulia”.

La Alameda, abierta hacía algunos años sobre terrenos ganados al mar, era el salón urbano del Vigo decimonónico para el casi exclusivo disfrute de las clases altas. Mientras que "La Tertulia" se definía la más elitista de las sociedades recreativas.

La visita de Ju
lio Verne y los invitados que con él viajaban se prolongó más de una semana, puesto que aprovechó para realizar en el astillero que Antonio Sanjurjo Badía poseía en el Areal algunos ajustes y reparaciones en su barco, que era nuevo adquirido tan sólo unos meses antes.

Camino de Lisboa, Cádiz, Tánger, Tetuán y Argel, el periplo previsto, el Saint Michel III era un gran barco a vela y vapor de 31 metros de eslora y 38 toneladas de desplazamiento que contaba con una tripulación de diez hombres.

Parece ser, según testimonios de los descendientes del industrial vigués, que posteriomente Julio Verne, satisfecho de los ajustes realizados en Vigo a su yate, mantuvo correspondencia con Antonio Sanjurjo Badía.

Información sacada de www.vigoempresa.com

Llega la luz eléctrica

Thomas Edison inventó el filamento incandescente en 1876. Sólo cuatro años más tarde un importante prohombre de entonces, Antonio López de Neira, pudo primero disfrutar de la novedad en su domicilio y después mostrar el prodigio a los vigueses.


También fue López de Neira el primer ciudadano que contó con teléfono, por lo que cabe suponer que, siendo el único, tendría al menos dos aparatos terminales, que muy posiblemente utilizara para comunicarse desde de su despacho de negocios con su vivienda, y viceversa. Era un hombre muy preocupado, dicen las crónicas, por el progreso científico.

La luz eléctrica la estrenó López de Neira el 30 de Mayo de 1880 y fue todo un acontecimiento del que así se hacía eco un cronista local:

"El miércoles por la noche se probó en casa del Señor López de Neira la luz eléctrica que para mayor lucimiento de las próximas fiestas del Santísimo había encargado a París dicho señor".

Y continuaba:

"La proverbial naturalidad y amable deferencia del Señor Neira fue causa para que muchos de sus amigos se personasen en la rica morada y deliciosa huerta a presenciar los efectos luminosos del aparato, el cual funcionó bien, llevando la luz a larga distancia, y que al reflejarse en las galerías y casas del Placer de afuera, produjo agradable impresión entre las personas que inesperadamente se vieron inundadas por una claridad tan intensa como la del sol, aunque de meláncolico reflejo como la luz de la luna".

Según el periodista, a los insectos también les impresionó el invento:

"Una de las cosas que más nos ha llamado la atención en aquellos momentos fue el asombro que la luz produjo sobre los insectos que se albergaban entre el ramaje de los árboles, que vistos desde lejos parecían pintados con un verde ultramar, más bien que obras de la naturaleza".

Aquella instalación eléctrica le utilizaría después, a partir de aquel año 1880 y durante bastante tiempo, para dar mayor realce a la procesión del Cristo de la Victoria, en su salida de la Colegiata. Como si fuera un milagro.

TODO UN PERSONAJE DE LA ÉPOCA

Era Don Antonio toda una celebridad en un Vigo que por aquellos años ya crecía a una velocidad imparable, tanto en industria como en población.

Natural de la villa lucense de Foz y de muy humildes orígenes, llegó a Vigo para emplearse como mancebo de comercio (algunas fuentes indican que arribó como lazarillo de un ciego). Con el paso del tiempo, tras haber montado diversos pequeños negocios, terminó por establecerse en la calle del Príncipe con una importante y popular fábrica de chocolate, participando también en otras empresas, entre ellas la fábrica de papel "La Cristina", que se encontraba en Cabral.

Parece ser que era hombre simpático, campechano y afable, por lo que había caído muy bien al joven monarca Alfonso XII, que contaba con tan sólo dieciocho años cuando en 1877 visitó Vigo por primera vez. Tanto que cuando dos años más tarde contrajo matrimonio con Cristina de Habsburgo lo invitó a la boda.

PRIMERAS PLAZAS DE VIGO ILUMINADAS

La luz eléctrica pública no llegó a Vigo, sin embargo, hasta diciembre de 1896. Así lo refleja el que fue gran cronista de la ciudad, José María Alvarez Blázquez, en su imprescindible libro "La Ciudad y los Días":

"Fué, pues, el 22 de diciembre de 1896, un día luminoso en que Vigo conoció la alegría de la luz eléctrica, aquella maravilla del siglo de las luces, el siglo - dígase lo que se quiera - más sugestivo y sorprendente de nuestra historia. La "Sociedad para alumbrado y calefacción de Coruña y Vigo", la misma que había instalado su flamante fábrica de gas en Picacho, instaló la nueva factoría a base de dos motores sistema Otto de 30 caballos, que accionaban dos dinamos de corriente contínua de 250 voltios y 120 amperes".

Al parecer, con motivo de la inauguración, la multitud se había concentrado en la Puerta del Sol y Plaza de la Constitución, donde se habían instalado las primeras lámparas eléctricas.

Sigue Don José María:

"El acto de la inauguración revistió gran solemnidad y fué, al propio tiempo, ocasión para que el regocijo popular se desbordase, flotando ya en el ambiente los pascuales gozos de las vísperas navideñas".

Así llegó la luz eléctrica permanente a algunas calles de Vigo. Con diecisiete años de retraso desde su invención por Thomas Edison.

Información sacada de www.vigoempresa.com

El primer gran personaje de Vigo: Buenaventura Marcó del Pont

Su nombre estuvo demasiado tiempo olvidado, ni una calle lo recuerda. La mayor parte de los vigueses ignoran todo sobre este hombre. Sin embargo, su labor fue fundamental, verdadera piedra angular, para que Vigo, entre los siglos XVIII y XIX, comenzara a convertirse en una ciudad.

También se ignora que las actuales dependencias de la alcaldía en el Areal, antes rectorado, antes Banco de España y más tarde Gobierno Militar, fue el lugar elegido por Buenaventura Marcó del Pont para instalar, a mediados del Siglo XVIII, su residencia en Vigo.

Casado con la viguesa Juana Angel Méndez, allí nacieron sus hijos, entre ellos Francisco Casimiro, último gobernador de Chile; y Buenaventura Miguel, que llegó a ser uno de los hombres más importantes de Argentina en sus primeros tiempos como nación.

UN GRAN EMPRENDEDOR Y ARMADOR DE CORSO

Procedente de su Calella natal, en la provincia de Girona, Buenaventura Marcó del Pont i Bori arribó a nuestra ciudad con la temprana edad de 22 años, corriendo 1750.

Fue el primer catalán censado en una población que contaba con unos cientos de vecinos. Y lo seguía siendo en 1867, cuando la villa ya había alcanzado casi mil habitantes. Por entonces se había convertido en una acaudalado comerciante debido a que algunos navíos franceses dedicados al corso descargaban en Vigo los botines obtenidos de los barcos británicos que se dirigían a las islas desde Portugal. Don Buenaventura adquiría aquellas mercancías para después venderlas a un buen precio.

Y como armador llegó a ser uno de los principales del norte peninsular, al que el momarca Carlos III le había concedido permiso para negociar con las Antillas. Más tarde, en 1779 estalló la Guerra de Secesión de Estados Unidos, España se alió con Francia contra Inglaterra y Portugal y Marcó de Pont obtuvo permiso de la corona para armar sus propios barcos de corso, al igual que otros comerciantes radicados junto al Berbés.

En los cuatro años que duró la confrontación, hasta 1783, la flota corsaria viguesa consiguió numerosas capturas de buques ingleses y lusos. Unos éxitos bélicos y comerciales gracias a los cuales Marcó del Pont recibió honores y obtuvo grandes logros para Vigo, que por fin pudo abrir su puerto al tráfico con Montevideo y Buenos Aires y posteriormente, en 1794, reinando ya Carlos IV, traficar libremente con todos los países de América.

Pero no sólo eso: montó la primera industria de salazón similar a las que funcionaban en Mediterráneo, mediante técnicas aquí por entonces desconocidas. Con sus propios barcos decidió enviar aquellos salazones a Cataluña, con un éxito tan inmediato que pronto comenzaron a llegar - aproximadamente a partir de 1770 - decenas de paisanos suyos para establecerse en el Areal, por entonces una playa, como su nombre indica.

TRASLADO DE LA FAMILIA A AMÉRICA

De los cuatro hijos que Marcó del Pont tuvo con Juana Angel Méndez, tres de ellos optaron por la carrera militar. Como se mencionó arriba, Casimiro fue, entre 1815 y 1817, el último gobernador español en Chile, falleciendo en Buenos Aires en 1819.

El mayor, Buenaventura, ya se había trasladado a Argentina en 1783, para, como importador y consignatario, establecer allí una base de los negocios familiares, "Marcó del Pont y Compañía", que llegó a ser uno de los mayores emporios comerciales de España y Ultramar. Su descendencia devino en una de las familias más importantes de aquel país, habiéndose convertido en la actualidad su antigua residencia en importante museo y centro cultural.

Aquí en Vigo, Don Buenaventura Marcó del Pont, el hombre que sentó las bases para que la ciudad comenzara a convertirse en una potencia industrial, falleció en 1817 a los 79 años, edad muy avanzada para la época.

Poco antes, siendo regidor de la ciudad, promovió la construcción de la Colegiata, cuya primera piedra fue colocada en 1816. Y fue él, muy precisamente, quien donó la talla y retablo del Cristo de la Victoria (uno de sus barcos de corso había recibido el nombre de "Cristo de la Buena Victoria").

En 1883, sus descendientes decidieron vender el solar donde se encuentra el referido edificio histórico que hoy ocupan dependencias de representación de la alcaldía. Así, un periódico de la época publicaba la siguiente nota: "La dicha casa es una hermosa construcción moderna, su situación para el comercio y habitación es una de las mejores de este puerto, y susceptible de establecerse en ella fábrica de sardina de primer orden o bien otro artefacto, puesto que tiene comodidad y ecstensión para todo".

Así desaparecieron de Vigo los Marcó del Pont. Después de haber desarrollado su puerto y sentado las bases de Vigo como ciudad industrial.

Información sacada de www.vigoempresa.com

La llegada de los catalanes

Los orígenes de la industria pesquera se remontan en Vigo a la segunda mitad del Siglo XVIII, cuando a las Rías Baixas comenzaron a llegar de forma masiva miles de catalanes en su mayoría procedentes de la Costa Brava, en la provincia de Girona. Gentes próximas al mar que se trasladaron a orillas del Atlántico atraídos por la extraordinaria abundancia de sardina que ofrecían las costas de Galicia.

Los pescadores locales del pequeño puerto que era Vigo se dedicaban a la pesca de supervivencia con la utilización de artes primarias de escaso rendimiento. En el Berbés, por entonces una playa con soportales, el mercadeo se animaba en algunas épocas del año con la llegada de arrieros del interior a la procura de pulpo y otras especies secas y saladas.

Los "fomentadores" , como se les dio en llamar a los catalanes, trajeron consigo la "xábega", red de origen árabe, de arrastre y con copo, de entre 300 y 600 metros, que para ser movida precisaba de embarcaciones mucho mayores. El cerco se recogía arrastrando desde tierra, participando en la dura tarea parejas de bueyes, hombres, mujeres y niños.

También aportaron la técnica mediterránea del salazón, para la conservación del pescado en salmuera, comenzando pronto a instalarse con sus plantas de fabricación en el barrio extramuros de el Arenal, que enseguida se comenzó a conocer como "barrio de los catalanes".

CONFLICTOS CON LOS PESCADORES LOCALES


El cambio en los procedimientos de pesca que siguió a la llegada de los catalanes provocó graves enfrentamientos de estos con las gentes del Berbés, de Cangas y de Moaña, incluso entre los mismos pescadores, puesto que unos estaban a favor de los "fomentadores", con quienes se empleaban, otros en contra. Mientras en el Barrio del Arenal surgían una tras otra las plantas de salazón, edificios que eran fábricas al tiempo que vivienda. Los catalanes con sus familias residían en la misma industria, en el piso superior, y así comenzó a manifestarse una peculiar arquitectura de carácter industrial de la que todavía quedan algunos ejemplos en las rías y también en Vigo.

Muchos de aquellos colonos permanecían aquí únicamente durante la costera o campaña de pesca, que duraba entre seis y ocho meses, regresando después a Cataluña. Otros arribaban con la intención de establecerse unos cuantos años. Las familias que se afincaron de forma definitiva son los apellidos que llegaron hasta nuestra época.

LA IMPORTANCIA DE LAS FÁBRICAS DE SALAZÓN

En el año 1850 se calcula que trabajaban en la producción de salazón unos 250 hombres y 400 mujeres, a los que hay que añadir los numerosos artesanos que se habían instalado en el Arenal y que se dedicaban a la tonelería y herrería necesarias para la construcción de los artilugios de prensado.

Los salazoneros catalanes crearon toda una nueva estructura económica. Algunos se convirtieron también en armadores, dotando así al puerto de una flota mercante, mientras que otros eran exclusivamente comerciantes. Las goletas que llevaban su carga de timbales de salazón y bidones de aceite de sardinas al Mediterráneo regresaban con mercancías como aceite de oliva, vinos y licores que alcanzaron gran implantación compitiendo con los del Ribeiro y otros de la tierra. Desde Cataluña se reexportaban los salazones vigueses a Francia y a Italia.

Según Antonio Meijide Pardo ("Contribución de los catalanes al desarrollo de la industria pesquera de Vigo", 1968), un cómputo prudencial permite estimar en 7.000 millares la exportación media anual con destino a Francia, mientras que respecto a Italia el promedio anual superaría los 4.000 millares".

SALTO A LA INDUSTRIA CONSERVERA

Como evolución de la industria del salazón, la primera fábrica de conservas la montó en Vigo, en el año 1882, Benigno Barreras i Casellas, catalán-gallego de segunda generación. La industria se encontraba en la Alameda, junto a donde hoy termina la calle Velázquez Moreno, a la orilla del mar que llegaba hasta allí. Se trataba de una planta que elaboraba "al estilo de Nantes", pues de la Bretaña francesa se importó la técnica y la maquinaria.

Al año siguiente inauguró su fábrica en Bueu Salvador Massó Palau, natural de Blanes, establecido desde 1816 fabricando salazones.

Las nuevas industrias eran unidades productivas completas, en las cuales, además del pescado, entraba la hojalata procedente de Inglaterra y también de Bilbao. Mediante las prensas Durox se construían los envases que luego, tras ser introducidas las sardinas en aceite, se soldaban a mano para su cierre.

En el año 1883 Massó ya producía 1.000 envases diarios.

A comienzos del Siglo XX funcionaban en Vigo decenas de fábricas de conservas y de salazón, por lo que el aumento de la producción y la apertura de nuevos mercados provocó una mayor necesidad de capturas de sardinas y la utilización de artes de arrastre de mayores dimensiones, como la"traiña", en este caso de procedencia cantábrica, una red que en los primeros tiempos movían embarcaciones a remo, de más de trece metros de eslora y que contaban con una tripulación de veinticinco a treinta hombres.

Información sacada de www.vigoempresa.com

La rebelión de la hojalata

A finales del Siglo XIX, las fábricas de conserva viguesas consumían grandes cantidades de hojalata que en su mayor parte debía importarse de Inglaterra debido a que las siderurgias del entorno de Bilbao no producían con la misma calidad ni tampoco podían atender con puntualidad la demanda

El problema fue a que por entonces se limitaron importaciones y surgieron las dificultades de los conserveros para obtener los cupos necesarios, hasta el punto de que en 1890 algunas fábricas tuvieron que detener la producción.

La situación se agravó de tal modo que el día 9 de Marzo de aquel año tuvo lugar una gran manifestación ciudadana en solicitud de la libre importación, convocada por los diferentes sectores productivos.

Cuentan las crónicas que toda la población se echó a la calle para corear consignas contra los gobernantes de la nación, en una de las efemérides más curiosas en la historia de Vigo, por lo que significó en defensa de los intereses comunes.

Fue la primera concentración multitudinaria en una ciudad desde entonces con gran tradición en todo tipo de manifestaciones callejeras. Con una diferencia: en aquella ocasión protestaron juntos obreros y empresarios.

José María Alvarez-Blázquez lo cuenta así en su magnífico libro "La ciudad y los días":

"Las industrias conserveras y pesqueras en pleno - fabricantes, armadores, obreros de mar y tierra - se manifestaban públicamente, pidiendo a los poderes públicos libertad para la importación de hojalata y estaño, con destino a la conservación de la pesca. El pueblo entero de Vigo se suma a los manifestantes, en una unánime e impresionate demostración, de la que se hace eco la prensa nacional. Se cursan telegramas a las autoridades de la provincia y al gobierno, no obstante lo cual, el ministro de Hacienda, don Fernando Cos-Gayón (diputado por Lugo), hace caso omiso de los clamores de un sector tan importante de nuestra economía, resolviendo en contra de sus demandas. Cos-Gayón era un teórico y, además, tampoco era de Lugo".

Información sacada de www.vigoempresa.com

La Cordelera Ibérica

En el mismo solar en el que se encontraron los restos de una villa romana hoy al descubierto, próximo a unas construcciones salineras que proveían a las fábricas de salazón y cuyas parcelas rectangulares cubren las aguas, frente a la isla de Toralla funcionó a finales edel Siglo XIX una importante cordelería.

Se instaló en el año 1884 con la razón comercial Cordelera Ibérica, siendo sus impulsores, como no podía ser de otro modo en el Vigo de aquella época, catalanes.

La industria fundada por los señores Mirambell, Ferrer y Fontenills

llegó a contar con 60 operarios, de ellos un buen número especialistas ingleses que manejaban la maquinaria de vapor y el utillaje más avanzado de la época, importado de las Islas Británicas.

Se trataba, pues, de una factoría moderna y con una gran capacidad de producción, amén de una reconocida calidad en sus productos, por lo que en el año 1889 recibió una medalla de oro en la Exposición Universal de París.

Sin embargo, la Cordelera Ibérica tuvo que cerrar en los primeros años del Siglo XX como víctima directa de la pérdida, en 1998, de las Islas Filipinas, puesto que de allí procedía su materia prima, el cáñamo. Que a partir de entonces resultaba mucho más caro al tener que importarlo de otros países bajo otros poderes coloniales, lo cual ya no le permitiría a esta industria ser competitiva.

Su principal promotor, Tomás Mirambell, había nacido en Masnou en el año 1862, trasladándose a Vigo muy joven para matrimoniar, en uno de aquellos enlaces acordados a distancia propios de la población catalana asentada en nuestra ciudad. con una señorita local del mismo origen, de nombre Francisca Millet Bertrán,

De aquella unión, aparte de la descendencia natural, nació también otro emprendimiento, la firma de efectos navales que, con toda propiedad, se llamó Mirambell y Millet y cuya actividad se prolongó durante muchos años, más de un siglo. Desde 1883 hasta una época bien reciente.

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El Kaiser Guillermo II se encuentra con Alfonso XIII en la Ría de Vigo

La prestancia del Kaiser Guillermo II, su empaque contrasta abajo con la efigie de un bisoño Alfonso XIII que entonces contaba con 18 años, tras haber ascendido al trono dos años antes.

El encuentro tuvo lugar el 15 de Marzo de 1904 y los monarcas eligieron las aguas de nuestra Ría aprovechando que el alemán se dirigía de vacaciones al Mediterráneo a bordo del gran vapor König Albert, de la compañía North German Lloyd.

Todo un gran trasatlántico de la época para él y su sequito, escoltado por un buque de guerra.

Así contaba la llegada el cronista local Prudencio Landín: "A media mañana, las salvas de cañón anunciaron que entraba en Vigo el vapor del Lloyd alemán "König Albert" con el magnífico Kaiser(...) Lo custodiaba el crucero "Prinz Friedrich" y fondeó muy lejos del muelle de La Lage. Nuestro acorazado "Pelayo" engalanó sus mástiles y lo mismo hicieron el yate real "Giralda" y los torpederos "Urania", "Audaz" y "Núñez de Balboa"(...) Casi a la misma hora llegaba a Vigo el tren real con Alfonso XIII, en medio de una oleada de entusiasmo".

Al parecer, nada más bajar del tren, Alfonso XIII se dirigió a los muelles para embarcar hacia el König Albert, donde lo esperaba el kaiser. Las salutaciones y cortesías duraron unos cuarenta y cinco minutos, y por la tarde Guillermo II devolvió la visita en el Giralda. En el mismo yate real almorzaron juntos al día siguiente.

"Vigo lució durante aquella noche una soberbia iluminación(...) En las alturas del Castro, Bouzas y Morrazo alumbraban proyectándose sobre el mar unas gigantescas hogueras(...) Los barcos de la escuadra se perfilaban con bombillas eléctricas".

De lo que trataron el imponente kaiser, hombre autoritario, de carácter difícil, al que años más tarde se le manifestaron problemas mentales, y el barbilampiño - el bigote vendría años después - Alfonso XIII nada se sabe, aunque es de suponer que nada especialmente trascendente.

De lo que sí existe constancia histórica es de la carta que tras el viaje el Kaiser escribió a su tío el Zar Nicolás II, al que se dirigía en inglés como "Dearest Nicky". En uno de los párrafos decía: "Vigo es una gran bahía con espacio para todas las flotas del mundo. Las flotas británicas la visitan cada mes, y Henry estuvo allí el año pasado con nuestra escuadra".

Tras la derrota de Alemania en la I Guerra Mundial, Guillermo II abdicó y huyó de su país para refugiarse en Holanda, donde falleció en 1941, en plena II Guerra Mundial y con los Países Bajos ocupados por las tropas germanas.

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La calle del Príncipe

Tras la demolición de las viejas murallas que envolvían el Casco Vello, en 1861 se inició la construcción de las primeras calles del Vigo moderno, comenzando por la del Príncipe, en honor al futuro rey Alfonso XII, que había nacido en 1857.

La vieja postal que se reproduce debe corresponder a los años veinte. Y como se puede observar, la fotografía debió ser tomada un día de buen sol, probablemente al mediodía. Escasos viandantes, un solitario automóvil - tampoco había muchos por entonces - y no circulaba ningún tranvía.

En aquella Calle del Príncipe de finales del Siglo XIX y primer tercio del Siglo XX se encontraban la Oficina de Correos; las dependencias de la estación telegráfica de la compañía británica Eastern Telegraph, aquí rebautizada como "Cable Inglés"; las diversas representaciones consulares; y la agencia de la Royal Mail Steam Packet, en lenguaje local conocida como "Mala Real". Además de una fábrica de chocolate, comercios y la Oficina de Sanidad del Puerto. Una calle principal de pequeña ciudad; pero muy internacional, debido al puerto.

Pasados unos años tras la guerra civil, la calle del Príncipe se convirtió en un paseo, en una "calle mayor" a la que acudían los vigueses a pasear a última hora de la tarde. De la Puerta del Sol a Urzáiz y vuelta, gente más bien gris, sin demasiados motivos de regocijo, de todas las edades, caminaban ante el edificio donde se encontraban los juzgados y la prisión de la ciudad - el actual Museo de Arte contemporáneo - queriendo ser totalmente ajenas, o tratando de aparentarlo, a lo que allí dentro ocurría. Una cárcel en pleno centro de la ciudad. A los presos les llegarían los rumores de la calle, doble castigo.

Era la prolongada postguerra que duraría demasiado tiempo. Sin embargo, en la calle del Príncipe funcionaban buenos establecimientos propiedad de comerciantes zamoranos o maragatos: los Carbajo, Bravo o Romero, dedicados a los textiles; o zapaterías como la de Cruces. La famosa pastelería Las Colonias; la mercería La Favorita; o la tienda de comestibles de Costas. Entre otros, prácticamente cada edificio un comercio, como ahora.

Uno de ellos, muy popular, que más tarde se trasladaría a Marqués de Valladares, dedicado a bisutería y juguetes, se llamaba Tobaris, en torno al cual llegó a circular mucho más tarde, ya superado el franquismo, una curiosa leyenda urbana: su propietario, que era un rojo superviviente y disimulado, quiso realizar un personal desafío a la dictadura de los vencedores deciendo llamar así a su negocio, Tobaris, como una deformación de Tovarich... O sea, que Tobaris, según esa leyenda, se llamaba en realidad Camarada.

De ser cierto el cuento, de buena se libró aquel osado comerciante, que muy bien pudo, por su jueguecito, haber terminado en una de las celdas del presidio al final de la calle.

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La isla de San Simón

La mayor parte de los vigueses de hoy piensan que la isla de San Simón que preside el bello entorno del fondo de la Ría siempre estuvo allí como privilegiado ornato de la naturaleza y cumpliendo únicamente ese papel excepto cuando sirvió de prisión en una desgraciada época no tan lejana, durante la guerra civil.

Pero no es así. O no es sólo así, puesto que a la isla se le debe el primer impulso importante y posterior desarrollo del puerto de Vigo gracias a que allí se instaló, en 1842, un lazareto, el Lazareto de San Simón, que significó el punto de inflexión para la Ría que a partir de entonces se convirtió en punto de escala de obligada cuarentena para todos los barcos que quisieran acceder a cualquier puerto del noroeste peninsular.

Se produjo un extraordinario movimiento marítimo con entradas y salidas de cientos de buques todos los años, lo que estimuló antiguos y promovió nuevos negocios de consignación, aprovisionamiento, reparación de barcos y un considerable etcétera.

De tal modo que a lo largo de los doce años que siguieron a su inauguración, entre 1842 y 1854, fonderaron en la Ría nada menos que 2.349 naves de todas las banderas para pasar, con sus tripulaciones y viajeros, aquella necesaria cuarentena y evitar así la difusión de enfermedades importadas.

Vigo, con su Ría, se dio así a conocer como gran puerto del Atlántico, un refugio seguro en todo timpo, lo que hay que agradecer en muy buena parte al médico Taboada Leal, quien, ya en el año 1829, comenzó a predicar la necesidad del establecimiento sanitario. Los hechos habían venido a darle la razón en 1834, cuando en todas las poblaciones del litoral se desató una fortísima epidemia de cólera morbo - al parecer, procedente de Inglaterra y traída por una escuadra de guerra portuguesa -, que en Vigo alcanzó una especial virulencia, produciendo un considerable número de muertos.

El proyecto lo desarrolló el mismo Taboada Leal inspirándose en los lazaretos de Marsella y Estocolmo, por entonces considerados los mejores de Europa.

Como siempre ocurría cuando se trataba de Vigo - y sigue ocurriendo, que ejemplos actuales no faltan -, el gobierno de la nación se mostró muy remiso a disponer de los fondos necesarios para su construcción, por lo que su inauguración sufrió notables retrasos. Una actitud, en realidad, debida a la oposición de otras ciudades gallegas, Pontevedra y A Coruña concretamente, que trataban de impedir, a base de influencias políticas, que el lazareto se instalase en nuestra Ría.


Hasta que tuvo que intervenir la iniciativa privada viguesa por medio de un importante industrial de la época, otro ciudadano destacado del Siglo XIX, Norberto Velázquez Moreno, de origen riojano, quien aportó de su pecunio particular los caudales que se necesitaban para que el establecimiento pudiera convertirse en realidad.

Se puede afirmar sin ninguna duda que el puerto de Vigo recibió su gran y definitivo impulso gracias al Lazareto de San Simón.

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García Olloqui

"Fué poeta de inspiración épica, aunque un tanto "confuso, rebuscado y violento" (Couceiro Freijomil). Escribió también para el teatro, donde alcanzó algunos éxitos con su drama "Fray Luis de Sousa" y con su zarzuela "La familia del gobernador"(...) Es autor asimismo de varios poemas épicos, tales como "Los godos", "Camoens", "El alcalde de Móstoles", etc. García Olloqui es acaso unos de los más tardíos cultivadores, en lengua castellana, del rancio género épico. Bajo el título de "Obras poéticas" publicó su producción en Alejandría (Egipto), donde falleció, cuando desempeñaba un cargo diplomático". (José María Álvarez Blázquez, La Ciudad y los Días).

Los promotores de hoy día también andan muy preocupados con las letras, aunque no se dediquen a la poesía épica. Algunos, sin embargo, sí que protagonizan, muy a su pesar, dramones contemporáneos.

Emilio García Olloqui nació en Vigo en 1821 y fue, sin duda, el primer gran promotor y urbanista que tuvo la ciudad. El Vigo moderno de alguna manera nació por su iniciativa, puesto que fue el propulsor del inicial impulso de crecimiento urbano con el derribo de las viejas murallas y el gran Relleno (así, con mayúscula) que se llevó a cabo para ganar terreno al mar y construir lo que es hoy la Alameda, las Avenidas y sus calles adyacentes, una de las cuales lleva, muy justamente, su nombre.

Su proyecto lo llevó a cabo mediante la sociedad que fue denominada, con propiedad, "Empresa de la Nueva Población".

LA ALAMEDA PASA AL PUEBLO DE VIGO

La cesión de terrenos para llevar a cabo su proyecto de desarrollo urbanístico le fue concedida a García Olloqui en 1870.

Unos terrenos - en su mayor parte ganados al mar, como se dijo - que se extendían entre las actuales calles Carral y Colón alcanzaban una extensión de 63.800 metros cuadrados, ocupando en su conjunto el nuevo barrio 83.000 metros cuadrados, incluyendo la Alameda en torno a la cual se levantarían los edificios.

Precisamente la Alameda pronto fue origen de un conflicto entre el promotor poeta y el ayuntamiento de la ciudad, que, con la excusa de una fuente levantada en lugar no contemplado, retiró a García Olloqui, en 1876, la concesión de este concreto espacio público. Así, con los años el barrio, aquella gran promoción inmobiliaria de la época, terminó por ser una realidad. Y la Alameda, como se pronunció la corporación municipal, quedó desde entonces en propiedad del pueblo de Vigo.

Esta es, a grandes rasgos, la historia del surgimiento de unos de nuestros espacios urbanos más privilegiados.

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Velázquez Moreno

Como otros de su época, como también ocurre ahora, Norberto Velázquez Moreno llegó a Vigo desde tierras lejanas en busca de éxito empresarial y fortuna en una ciudad que a principios del Siglo XIX crecía y ofrecía grandes oportunidades.

Natural de Ortigosa de Cameros, en La Rioja, su primer negocio consistió en un molino de viento, algo extraordinariamente novedoso por estos lares, para triturar el grano que importaba. Posteriormente se sumó a la actividad del salazón promovida en el Arenal por los catalanes y emprendió nuevos y diferentes negocios, convirtiéndose en prohombre destacado tanto en el terreno mercantil como en el benéfico y cultural.

Don Norberto protagonizó obras muy beneficiosas para la ciudad, propiciando la creación de las primeras escuelas modernas y abriendo en las proximidades del Berbés la primera casa de baños, con instalaciones de un excelente nivel.

Lo que le proporcionó mayor popularidad, sin embargo, fue que gracias a él contó Vigo con su primer teatro. Un magnífico teatro, con diferencia el mejor de Galicia, inaugurado en 1832 y que se encontraba, frente al antiguo ayuntamiento, en la Plaza de la Alhóndiga, actual Plaza de la Princesa.

De aquel teatro también alababan las crónicas de la época su espectacular lámpara araña de bujías que se hacía descender del techo para iluminar el recinto, todo un alarde de la técnica. Cuantan también que en el gran telón de boca del escenario se podía leer:

Con risa y llanto, gracia y artificio,
aplaudo la virtud, corrijo el vicio


Muy de aquel tiempo eran las obras, con sus títulos, que se ofrecían al público: "El cuarto de hora del bello sexo", por ejemplo; o "Los tres recién nacidos". Gran éxito parece ser que tuvo la épica "Guzmán el Bueno, héroe de Tarifa", que se desarrollaba en verso.

Norberto Velázquez Moreno falleció en el año 1852; pero el teatro, desde entonces gestionado por su hijo, Norberto Velázquez Barrio, permaneció activo hasta 1880.

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